8/04/2009

Cambiar el paradigma es cambiar la experiencia: la biblioteca que crea deseo-de-libros (Copenhaguen Central Library, Krystalgade 15)

Cuando entras en una biblioteca pensando que es una librería, algo ha pasado en tu mente para que te lleves tamaña confusión.
Resulta que no eres victima de la pretensión de elevar los libros a objetos de culto. Resulta también que tampoco te han creado un templo de saberes lejanos y profundos, en el que solo algunos frikis se sienten confortablemente como en casa. Nada de de eso; tienes las mismas sensaciones lascivas y pecaminosos que tendrías en el Fnac. Es decir, el deseo de tocar y hacerte con el objeto. El deseo lúdicro de llevarte el libro a casa.
Claro que el desconocimiento idioma es un buen aliado para semejante confusión. Pero lo son mucho más la composición del espacio, la relación con los objetos. En fin, todos los componentes del diseño del espacio y de la experiencia.
La biblioteca de la calle Krystalgade no será seguramente un inexcusable ejemplo arquitectónico en el exterior (como es el caso de la Royal Library y de su impresionante construcción). Pero lo que nadie me negará es que en estos ejemplos es donde encontramos la prueba de que cambiar paradigmas, modelos y marcos de referencia nos permite transformar nuestro output creativo. Ocurre que el cambio de paradigma es determinante (ese modelo abstracto y conceptual que define lo que es y debe ser, a veces por encima de lo que queremos que sea). La determinación en este caso está no en crear un espacio para glorificar el libro, sino para establecer una relación de engagement entre las personas y los libros. La fuente de inspiración está en el bookstore: el lugar donde se exhiben los libros para que formen parte de nuestros deseos.
Detalles como exhibir las novedades como haría un librero me parecen fascinantes. Como fascinante es proveer a los visitantes con cestas en las que recoger los libros que habrán de consultar o llevarse a casa.
Una experiencia en blanco, luminosa. Dotada de un atrio de entrada, con ventanas a la calle que funciona como reclamo. Con los libros expuestos y accesibles como en una tienda. Con escaleras mecánicas que llevan a los pisos superiores como sería el caso de un department store.
La fascinación me la produce no el output específico (por notable que sea) sino la distinta relación que la biblioteca me proporciona. Es un lugar estimulante, luminoso, diseñado para darme un servicio cultural y no para alejar a las gentes de los libros.
Es ahí donde la aportación de la arquitectura y el diseño más me seducen; en la capacidad de cambiar modelos y aproximaciones. Construimos edificios que nos construyen a nosotros: nuestras ideas y nuestros conceptos, incluso nuestras ambiciones.