9/06/2007

Jordi Vilagut (BrandJazz) dice acerca del "gorila tamborilero" ... Gracias Jordi

“Lo que no se entiende, se admira o se desprecia”. Yo añadiría, “o crea indiferencia”. Y eso que no se entiende, acaba en un nicho. Ése es el problema. Ocurre con el Jazz. Ocurre con la pintura abstracta, la poesía visual, cierto tipo de cine y un largo etcétera en cualquiera de las Artes.Y ese es el riesgo con productos mass market. Puestos en el ejemplo de la campaña que se menciona, los argumentos de los creadores no son nada nuevo. Basta con revisar el caso Kit-Kat. Misma categoría, misma estrategia (beneficio racional inexistente) y sí, buscando el entretenimiento. Pero con un mensaje (creado a finales de la década de los 50) que ha aguantado décadas, caló entre el público, su insight está en la calle y en boca de cualquiera y ayudó a construir una marca.Y otro Case Study histórico: el caso Hamlet, en Inglaterra, con más de 30 años siguiendo el mismo código y un mismo claim. Sin beneficio racional, pero con un mensaje que llevó a la marca a convertirse en el 50% del pastel en su categoría (¿quién no desearía esta participación?) y el deleite de los televidentes. Una vez más, entertainment. Pero con resultados. En el lado opuesto, el caso Benetton, cuando se olvidó de su claim y perdió el norte buscando la notoriedad pura, cuando lo tenía todo a favor. Resultado: vuelta a sus orígenes para enderezar y un error admitido.El gorila ha generado hype, sin duda. Otra cuestión es si esta estrategia tiene futuro para la marca, aún siendo lider en su categoría. Y si la tiene, estoy convencido de que el primer spot (el gorila) no será el mejor de la serie. Lo que no es muy buena noticia, para empezar. De ahí, el debate.Y un apunte más: si estas estrategias del todo vale funcionaran (¿hay algún ejemplo de que sea así?), los anunciantes no necesitarían para nada a los Consultores, ni Agencias, planners, ni siquiera creativos. Si no hay mensaje, no hay historia. Y si no hay historia, nada cala, es decir, todo se olvida. O malvive en el purgatorio de la indiferencia.Saludos, J.Jordi Vilagut