3/28/2008

Pensemos en Masculino Singular



Hombres. Fenómeno regresivo. Definitivo anacronismo. Efluvio machista y trasnochado.
Vivimos tiempos en los que lo masculino parece vivirse como algo sospechoso y complejo de integrar con lo moderno y aceptado.
Ni lo critico ni lo apruebo, pero si hace unos meses escribí acerca del eterno femenino y del esfuerzo que muchas veces hacemos por conectar con ocultas complicidades con lo femenino(*), ahora me detengo y pienso “¿no habrá llegado el momento de reconectar con lo masculino?". Naturalmente tenemos que hacerlo de hurtadillas. Tal vez debamos hacerlo desde el humor y la aparente burla como hace Axe.
Pero lo cierto es que el hombre como objeto de persuasion está sometido a un cerco por lo políticamente correcto en el contexto de una transformación social en la que imperan valores y tendencias que se orientan a acabar con viejas actitudes y privilegios.
No reivindico tales privilegios, pero si me pregunto como podemos canalizar y usar pulsiones profundas de lo masculino que se pueden controlar pero no negar.
Es cierto que los viejos estereotipos eran un corsé, pero no es menos cierto que existen dimensiones de lo masculino que necesitan mostrarse o canalizarse.
No gestionamos lo políticamente correcto por gusto, en realidad lo que buscamos es intimar, encarnarnos en el consumidor. Hacerlo nuestro.
Y en el caso de los hombres ¿podemos hacerlo sin aceptar su fondo emocional?
Y para hacerlo deberemos asumir que ese “fondo emocional” no solo es afectivo, colaborativo, empático, sino que es competitivo, energético.
No podemos negar nada de lo humano. Si existe será por algo. Podemos negar la perversión de lo humano, pero no fuerzas y realidades que están al servicio de nuestra capacidad de manejarnos con el entorno. Esas pulsiones, ese fondo emocional masculino que guarda algunas antiguallas, existen por mucho que los mecanismos de control social renieguen de esa realidad (para evitar los males que un día causaron).
Tenemos que reflexionar acerca de lo masculino como gestores de persuasion. Más alla de debates morales-ideológicos. Tenemos que hacerlo de forma desapasionada, percibiendo la “onda larga”, orillados de debates que no nos atañen, con la fría y desapasionada rigurosidad de un observador y a la vez con la empatía de un embaucador experto.
Pensemos en masculino. Otra vez. Es tiempo.

(*) http://strat-comm.blogspot.com/2007/05/explorando-el-universo-de-lo-femenino.html